TRUMP, COVID, HOSPITAL: COMO LO VEMOS DESDE EUROPA

 

Que yo sepa, Nostradamus no predijo nada de forma específica acerca del contagio de COVID de Trump ni de su reciente hospitalización. Sí dijo algo de un tonto del pueblo que asumiría el mando de un gran poder.

Espero que no se refiriera al Presidente de los EE. UU. con esas palabras.

De todas las maneras, tampoco hacían falta poderes de adivino para suponer que Trump acabaría siendo huésped en Walter Reed Hospital.

Un breve resumen de los antecedentes: negación a usar la mascarilla -por temor a tener el aspecto <<débil>>-. Burlas a quienes la usen, incluso a su oponente en la carrera electoral, Exvicepresidente Joe Biden. Rechazo de los consejos de los expertos sanitarios -en su lugar, promocionando la lejía como método viable de cura-. Rallies con miles de personas, las multitudes apretadas y amontonadas, una auténtica cadena de contagio humano.

No, tampoco es de extrañar que el virus acabara instalándose en su organismo, pues le dio todas las facilidades para hacerlo.

Pero ¿esta experiencia le ha hecho cambiar de postura? ¿Ha aprendido algo?

Todo apunta a que no.

Durante su estancia en el hospital, Trump decidió irse de paseíto con su convoy, poniendo una vez más en peligro a los que estuvieran a su alrededor. ¿El motivo de tan arriesgada excursión? Nada más y nada menos que saludar a los que estaban fuera.

Al recibir el alta, todavía potencialmente contagioso, tuiteó que <<hacía veinte años que no me sentía tan bien>> y <<no hay que temer al virus>>.

¿Acaso habrá acertado Nostradamus?

A lo mejor Trump no teme al virus porque ha recibido la mejor atención sanitaria del país, y quizá del mundo entero, disfrutando de varios tratamientos experimentales fuera del alcance de todos los demás, así como el esteroide dexametasona y el medicamento remdesivir.

Claro, así es fácil ignorar la cruel suerte de los más de 215.000 fallecidos por COVID bajo su mandato desde el comienzo de la pandemia.

Y aquí hemos una perfecta ilustración de una de las mayores desigualdades en el País de Libertad y Justicia para todos, una desigualdad que, de la mano del partido Republicano y sujeto a intereses económicos, Trump se empeña en mantener.

Mientras el Presidente recibió cuidados sanitarios de primera categoría, más allá de los confines de su burbuja dorada, sin beneficiarse de un sistema de sanidad universal, 530.000 familias se declaran año tras año en bancarrota por no poder hacer frente a sus gastos médicos, suponiendo el motivo del 66.5% de los casos de hundimiento financiero en el país.

La consecuencia de esta circunstancia son pacientes que padecen de cáncer viviendo sin techo, obligados a buscarse la vida en la calle, o los famosos Crowdfunding para mantener a seres queridos con vida, y un sinfín más de dramas humanos totalmente prevenibles.

Todo esto en un país con una riqueza casi incuantificable.

Vergonzoso.

Por supuesto, con miles de millones en el banco -en parte gracias a no pagar impuestos, todo hay que decirlo- es más fácil no temerle al virus. Me pregunto si una persona sin hogar u obligada a pedir préstamos a sus familiares, amigos, conocidos y desconocidos para salvar la vida de su hijo compartiría su misma bravuconería ciega.

¿Y cómo reaccionan los homólogos europeos ante esta situación de disparidad?

Sencillo y llanamente, no les cabe en la cabeza que un país desarrollado como los EE. UU. siga desprovisto de un derecho tan básico como es la sanidad universal. Dos ejemplos destacados: según Couchepin, expresidente de Suiza: <<Nadie [se declara en bancarrota por gastos médicos]. No ocurre. Sería un gran escándalo si ocurriera.>> O en palabras de Lauterbach, diputado alemán y experto en política sanitaria y epidemiología: <<…existen enormes diferencias en la calidad de la atención en función de…lo que puedas pagar. No creo que funcione bien el sistema.>>

Vamos, que somos el hazmerreír del mundo.

De ahí la importancia de una victoria para Biden en noviembre. Impulsor del conocido Affordable Care Act patrocinado por el expresidente Barack Obama -un plan atacado sin cese por los Republicanos y que Trump ha jurado derogar-, el candidato Demócrata lleva años intentando poner fin a esta situación tan injusta para los ciudadanos estadounidenses.

Cuando llegue a la Casa Blanca, ha prometido, aparte de declarar obligatorio el uso de la mascarilla en todo el país como un primer paso, implementar su plan sanitario, que consiste en, entre otros:

1-Seguro de salud asequible para todos

2-Un sistema menos complejo

3-Detener el abuso de poder de las farmacéuticas

4-Asegurarse de una sanidad como un derecho de todos, y no un privilegio de unos pocos

En resumidas cuentas, Biden tiene un plan contundente y cartografiado en detalle para beneficiar a todos los ciudadanos, restaurando la dignidad a los EE. UU. como actor en el escenario internacional. Un soplo de aire fresco frente a las sandeces farfulladas por Trump estos últimos días, sin fundamento ni en la ciencia ni en la realidad.

Por todo lo antedicho, le deseo a Trump tanto una pronta recuperación como una rápida salida de la Casa Blanca.

¿Habrá vislumbrado el futuro Nostradamus?

Yo, personalmente, no creo en una profecía del siglo decimosexto.

Pero sí creo en el poder de las urnas.

Desmintamos la profecía de Nostradamus en las próximas elecciones. Votemos a Biden.

Para registrarse a votar: www.votefromabroad.org